La mañana en Alborada avanzaba con una calma engañosa. Desde los enormes ventanales del Corporativo Trovatto, el sol iluminaba los edificios más importantes de la ciudad, pero dentro de la Oficina Presidencial el ambiente estaba lejos de ser tranquilo. Alonso Trovatto permanecía sentado detrás de su escritorio observando una carpeta que acababa de llegar desde Australia. Sus ojos ámbar recorrían documento tras documento sin perder un solo detalle. Frente a él, su abogado permanecía de pie con u