El amanecer apenas comenzaba a extenderse sobre los cielos cuando el avión privado de Gabriel Trovatto atravesó las nubes con destino a Alborada. Sentado junto a una de las ventanillas, el hombre observaba el horizonte sin prestar verdadera atención al paisaje. Sus pensamientos giraban alrededor de un único objetivo. Alonso Trovatto. Había llegado el momento de enfrentarlo directamente. A su lado, Fátima permanecía en silencio, sosteniendo una taza de café entre las manos. Ambos compartían el m