El búnker de Galicia se sentía más frío que nunca, a pesar de los sistemas de climatización de última generación que mantenían una temperatura constante. Valeria Miller observaba a su hermano Adrián a través de un cristal reforzado en el ala médica, viendo cómo el joven luchaba contra espasmos musculares que recordaban a un cortocircuito biológico. La presencia de Adrián era un milagro amargo; diez años de su vida habían sido succionados por los tanques de Valencia, dejándolo con la mente de un adolescente atrapada en el cuerpo de un hombre de veinticinco años. Valeria sentía que cada vez que miraba a su hermano, veía el costo real de su linaje, una factura que Alejandro de la Cruz había cobrado con sangre y tiempo robado.Helena Miller entró en la sala de observación, con el rostro endurecido por una fatiga que no podía ocultar ni siquiera con su porte aristocrático. Valeria, tenemos un problema que no se puede resolver con adquisiciones hostiles ni con pulsos electromagnéticos, dijo
Leer más