El búnker de Galicia se sentía más frío que nunca, a pesar de los sistemas de climatización de última generación que mantenían una temperatura constante. Valeria Miller observaba a su hermano Adrián a través de un cristal reforzado en el ala médica, viendo cómo el joven luchaba contra espasmos musculares que recordaban a un cortocircuito biológico. La presencia de Adrián era un milagro amargo; diez años de su vida habían sido succionados por los tanques de Valencia, dejándolo con la mente de un