El helicóptero descendió sobre una plataforma oculta entre los acantilados de la Costa da Morte, donde el rugido del Océano Atlántico devoraba cualquier otro sonido humano.
Valeria Miller bajó de la aeronave sosteniendo a Mateo, que dormía profundamente bajo el efecto de los estabilizadores neuronales, mientras el viento frío de Galicia azotaba su rostro.
Frente a ella se alzaba una estructura de hormigón y vidrio que parecía una fortaleza moderna, el centro de operaciones principal de Montes