El sol de la mañana se reflejaba en la fachada de vidrio de la Torre Cristal, convirtiendo el rascacielos más alto de Madrid en una columna de fuego que dominaba el horizonte.
Valeria Miller bajó de un coche oficial negro justo frente a la entrada principal, vestida con un traje de sastre gris marengo que acentuaba su figura recuperada y su nueva presencia imponente.
No había cámaras de televisión ni multitudes, solo un silencio tenso roto por el sonido de sus tacones contra el mármol del ves