El silencio que siguió a la caída del Ascensor de Datos no era de paz, sino de choque. En las costas de San Francisco, el aire todavía vibraba con la energía residual de la explosión cuántica. La cápsula de emergencia flotaba a la deriva cerca de los pilares rotos del Golden Gate, balanceándose sobre un mar que escupía restos de metal y cables de fibra óptica.Valeria ayudó a Mateo a salir a la superficie de la cápsula. El cielo, despejado de la niebla violeta de Némesis por primera vez en años, mostraba un azul tan intenso que dolía.Mira, mamá susurró Mateo, señalando la ciudad.San Francisco ya no era una red de luces ordenadas. Los rascacielos estaban oscuros, pero en las calles, miles de drones y unidades de patrulla se movían de forma errática. Sin la señal de Némesis-Prime, las máquinas habían entrado en un estado de "bucle de pánico". Algunas se estrellaban contra las paredes; otras simplemente se quedaban quietas, emitiendo pitidos lastimeros.El cerebro ha muerto, pero los
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