Liam permaneció en silencio, observando. La mirada dura, fija, pero la respiración lo traicionaba. Intentaba mantener el control, pero lo estaba perdiendo, segundo tras segundo.El agua corría entre ellos, caliente, densa. Olívia pasó el jabón por su pecho, subiendo hasta los hombros, y murmuró con una sonrisa ladeada.—¿Sabes, Liam…? —comenzó, con un tono suave y burlón—. Creo que ya es hora de mostrarte lo que es ser una esposa perfecta, aunque todo esto sea una farsa.Él arqueó las cejas, pero permaneció inmóvil, limitándose a observar.—Imagínate, cariño… —dijo ella, con la voz aterciopelada y un hilo de sarcasmo entre las palabras—. Tú llegando a casa después de un día agotador, el traje impecable, esa expresión seria de siempre. Y yo te espero con la cena lista, la mesa puesta, la copa de vino… y, de repente, te traigo aquí.Lo enjabonaba despacio, el jabón deslizándose por el abdomen definido, la espuma dibujando cada contorno.—Te acompaño hasta la ducha —continuó, alzando la
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