Olívia alzó el mentón, desafiante.
—Entonces me quitaré el bikini y me quedaré realmente desnuda —dijo, llevando la mano al lazo del costado.
Él le sujetó la muñeca, con firmeza.
—No tengo paciencia para tus provocaciones, Olívia.
—Vaya… —sonrió—. Pareces un viejo gruñón, ¿sabías? Necesitas sonreír más. Un infarto a esta edad es fulminante.
—Sal de la piscina. Ahora. No quiero volver a verte con ese bikini. ¿Entendido?
—Pues no voy a salir —replicó, firme—. Y en el contrato no dice que no pueda