Liam no logró dormir. El reloj marcaba casi las seis de la mañana, y la oscuridad del cuarto parecía más densa de lo habitual. Olívia dormía encogida en la cama, el rostro sereno, la respiración ligera. Pero la calma de ella solo acentuaba el caos dentro de él.
El portátil estaba abierto sobre el escritorio. La pantalla proyectaba una luz fría en la habitación silenciosa mientras él fingía trabajar, revisando informes que ni siquiera lograba ver con claridad. Su mente giraba en círculos, incapa