Olívia sonrió levemente, intentando disimular el cansancio que aún la envolvía como una neblina.
—Estoy mejor ahora, abuela Olga. Creo que me excedí… me dieron ganas de comer helado con quimbombó en la madrugada —comentó entre una risa breve—. Como no había quimbombó, me quedé solo con el helado. Creo que fue eso.
Frederico levantó la mirada del móvil, el semblante austero suavizado por un destello de diversión.
—Incluso en eso te pareces a Meredith —dijo con una media sonrisa nostálgica—. Tu s