—No seas tan duro con él. Si Vincent no estuviera, tú serías quien estaría en apuros —dijo Lydia mientras se acomodaba los lentes.—Lo sé.—En realidad, tú eres quien debería pagarme extra, mi vida. Por tu culpa trabajé todo el día.Cale se rio.—Entonces dime qué quieres. —Dejó a un lado los archivos para prestarle atención—. ¿Ya pensaste dónde quieres almorzar? ¿O prefieres probar uno de mis restaurantes favoritos?—Mmm, claro. —Lydia asintió, interesada—. Ahora que mencionas el almuerzo, ¿qué hay de Naomi? Cuando salimos, todavía dormía.—Déjala descansar —respondió Cale mientras volvía a la pila de archivos que tenía enfrente—. De todos modos, el señor Smith se encargará de ella.Lydia no pareció muy convencida.—¿Seguro de que podemos confiar en él?—Si tantas ganas tienes de comprobarlo, ¿por qué no la llamas tú misma?Lydia sonrió encantada.—Tienes razón.Cuando buscaba el celular en su bolso, la puerta de la oficina volvió a abrirse. Vincent entró, pero esta vez su expresión e
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