—Repítelo —dijo Cale con tono intimidante.
La tensión en la sala de juntas aumentó aún más después de que el viejo Nash Bennet cuestionara las intenciones de Cale.
—Entiendo que se haya sentido ofendido —respondió Nash con calma. No podía permitirse mostrar miedo en ese momento. El hombre que tenía enfrente era mucho más joven y, aun así, su sola presencia resultaba abrumadora.
Con razón el señor Devereux lo había elegido como su mano derecha.
—Pero esto es por el bien de todos. Quizá no se dé c