—No seas tan duro con él. Si Vincent no estuviera, tú serías quien estaría en apuros —dijo Lydia mientras se acomodaba los lentes.
—Lo sé.
—En realidad, tú eres quien debería pagarme extra, mi vida. Por tu culpa trabajé todo el día.
Cale se rio.
—Entonces dime qué quieres. —Dejó a un lado los archivos para prestarle atención—. ¿Ya pensaste dónde quieres almorzar? ¿O prefieres probar uno de mis restaurantes favoritos?
—Mmm, claro. —Lydia asintió, interesada—. Ahora que mencionas el almuerzo, ¿qué