—La reunión terminó —dijo Cale con dureza—. Váyanse.
Ya nadie se atrevió a discutir. Uno por uno, se pusieron de pie y salieron de la sala de juntas con mucha más cautela que al llegar. Mientras tanto, Lydia no había dejado de sentirse inquieta desde que Cale entró en esa sala. Demasiado inquieta.
Ya no lograba concentrarse en los reportes que estaba organizando para él. No dejaba de mirar de reojo hacia la puerta cerrada, como si quisieran mantenerla al margen de lo que ocurría adentro.
Pero Ly