Ahora se movía más rápido, impulsado por algo que ya no podía contener. Cada embestida era profunda y precisa, y la arrastraba a un ritmo cada vez más rápido e incansable.Se movía sin parar; a veces bajaba el ritmo apenas lo suficiente para prolongarlo, solo para volver con más fuerza, con más urgencia. El sonido rítmico de sus cuerpos creaba ecos y no dejaba de intensificarse.—Lydia… ah…Su nombre se le escapó de los labios mientras seguía, cada movimiento más intenso que el anterior, como si no quisiera otra cosa que perderse en ella.Ella no podía hacer más que corresponder a sus movimientos.Con las manos atadas y las piernas abiertas, quedaba expuesta a todo lo que él le daba. Aun así, ella lo llamaba por su nombre sin parar, y cada sonido se quebraba bajo la intensidad.Perdió la cuenta de cuántas veces susurró su nombre, lo gritó, lo dejó escapar entre una oleada de placer y la siguiente.Sus movimientos no se suavizaron. Seguían firmes, exigentes e implacables. Eran rápidos,
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