Ahora se movía más rápido, impulsado por algo que ya no podía contener. Cada embestida era profunda y precisa, y la arrastraba a un ritmo cada vez más rápido e incansable.
Se movía sin parar; a veces bajaba el ritmo apenas lo suficiente para prolongarlo, solo para volver con más fuerza, con más urgencia. El sonido rítmico de sus cuerpos creaba ecos y no dejaba de intensificarse.
—Lydia… ah…
Su nombre se le escapó de los labios mientras seguía, cada movimiento más intenso que el anterior, como si