Lydia sostuvo la mirada de Cale, escudriñándole la cara como si pudiera arrancarle la verdad. No aceptó de inmediato. Pero después de un momento, tras obligarse a pensar con más claridad, dejó escapar un suspiro suave.
—Está bien. Pero vas a explicármelo todo, ¿no? —dijo en voz baja—. ¿Sin más secretos?
Cale asintió, aunque su expresión reflejaba dudas.
—Lo intentaré.
No era suficiente, al menos no del todo. Pero Lydia podía verlo. Podía reconocer el esfuerzo, por pequeño que fuera. Y esa noche