Para Josh, el hombre a su lado, con las mangas de la camisa enrolladas hasta los codos después de quitarse el saco y aflojarse la corbata para moverse con libertad, se veía genial. Daven hacía que cada juego pareciera fácil. A diferencia de Josh, que todavía fallaba aquí y allá, pero encontraba pura alegría en jugar.“Si pudiéramos hacer esto siempre”, pensó Josh, “la vida sería mucho más divertida”.—¿Podemos jugar así otra vez mañana?Daven dudó, luego sonrió, tratando de hacerle entender con suavidad.—¿Sabes? Me encantó el día de hoy. Pasar tiempo contigo fue lo mejor, Josh —le revolvió el cabello con una ternura que hizo que Josh sintiera el pecho cálido—. Pero tú y yo tenemos nuestras rutinas, ¿no?Josh frunció la cara en un puchero.—¿Y este fin de semana?Dios, cuánto quería Daven decir que sí. No negarle nada, pasar cada momento libre a su lado, incluso si eso significaba hacer malabares con pilas de trabajo de por medio. Nada de eso importaría si Josh estaba con él. Todo se s
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