Cuando el avión aterrizó en Solaviz, varios empleados de Harold ya estaban esperando. Tal como Harold había prometido, su gente recibiría a Daven y lo escoltaría al lugar acordado.Daven los recorrió con la mirada, preciso y atento, registrando cada detalle, cada movimiento. Sabía que no debía subestimar a los hombres de Harold. Esa bienvenida se sentía menos como cortesía y más como control.Aun así, no había llegado sin preparación. Disfrazó su cautela con soltura, y se movió como si la reunión que tenía por delante fuera algo que esperaba con ganas. La ciudad misma ayudaba a encubrir su inquietud: la atmósfera aquí se sentía más densa, más filosa, diferente.Más miradas lo seguían. Desconocidos volteaban a verlo, algunos susurrando a su paso, sosteniéndole la mirada unos segundos de más. Su cara se había vuelto demasiado conocida, estampada en todos los titulares, arrastrada al escrutinio público por sus batallas personales.Pero Daven se negó a dejarse afectar. Se condujo con la mi
Leer más