—Bueno, los dejo. —Tania se excusó, tragándose las preguntas que aún le llenaban la mente.
No pasó mucho antes de que el salón se vaciara. Josh salió corriendo, riendo como siempre, hasta que…
—¿Señor Guapo? —La cara se le iluminó de alegría—. ¿Viniste?
Para Daven, ese momento fue una felicidad inconmensurable. Cuando el niño corrió hacia él, abrió los brazos de par en par y lo estrechó con fuerza. Para Josh, quizá fue solo otro abrazo, común y juguetón. Pero para Daven fue todo: un torrente de