—¿Te molesta si hablamos aquí? —preguntó Daven con cautela mientras entraban al café tranquilo cerca de donde Josh y Chase habían estado jugando.
—No.
Fue lo único que respondió Althea mientras lo guiaba hacia una mesa en la esquina. El café se sentía silencioso; algunos clientes murmuraban sobre sus bebidas mientras el aroma del espresso y la canela envolvía sus sentidos, pero nada de eso lograba disolver la tensión entre ellos.
Se sentaron uno frente al otro. Lo que Daven más recordaba de las