El silencio volvió a cerrarse sobre ellos. Daven se quedó mirando la mesa, ocultando la angustia que lo carcomía por dentro. Tras unos segundos, habló de nuevo, con un tono de rendición.
—Está bien.
Althea exhaló despacio; el alivio aflojó la tensión que la oprimía. Al menos había dicho lo que tenía que decir. Necesitaba trazar una línea clara, aunque estuviera segura de que Daven nunca podría tener sentimientos reales por ella.
—Pero quiero pedirte solo una cosa.
Althea se volvió hacia él con l