—Señor, le dejé el café en la mesa.
Daven acababa de bajar las escaleras hacia el comedor y apretó la mandíbula, molesto por la entusiasta presencia de Arven.
—¿Y tú, Andy? ¿También acortaste tu descanso porque no aguantabas las ganas de volver a trabajar? —Le lanzó la pregunta a Andy, que estaba de pie no lejos de la entrada del departamento.
Andy se puso algo nervioso, pero enseguida sonrió ampliamente.
—Ya estoy bien. El señor Arven dijo que su agenda está llena los próximos dos días. No podí