—Buenas tardes, señorito Josh —saludó Arven con cortesía.
—Hola... ¿buenas tardes? —respondió Josh, aunque la mirada se le fue hacia Daven, preguntándole en silencio quién era ese hombre.
—Es Arven —le explicó Daven, revolviéndole el cabello con cariño—. Ya lo viste algunas veces, ¿no? Arven es mi asistente.
—Buenas tardes, tío Arven —repitió Josh, esta vez con mucha más seguridad.
—Por favor —dijo Arven, sosteniéndole la puerta del auto abierta.
Josh dudó, incómodo.
—Yo... puedo hacerlo solo, t