Para Josh, el hombre a su lado, con las mangas de la camisa enrolladas hasta los codos después de quitarse el saco y aflojarse la corbata para moverse con libertad, se veía genial. Daven hacía que cada juego pareciera fácil. A diferencia de Josh, que todavía fallaba aquí y allá, pero encontraba pura alegría en jugar.
“Si pudiéramos hacer esto siempre”, pensó Josh, “la vida sería mucho más divertida”.
—¿Podemos jugar así otra vez mañana?
Daven dudó, luego sonrió, tratando de hacerle entender con