—Llegamos, señor —le informó Arven cuando el auto se detuvo frente a la entrada del restaurante. Habían llegado a un lugar no muy lejos del centro de la ciudad, con un interior cálido y discreto que invitaba a pasar. Josh no tenía idea de que Arven había reservado el lugar entero solo para ellos dos.
—Vamos —dijo Daven, bajando primero. No le quitó los ojos de encima a Josh y le tendió la mano para ayudarlo a bajar. El gesto se sintió extrañamente íntimo, pero cuando Daven miró a Arven, su asist