Elara guardó el teléfono con dedos temblorosos, el mensaje de Lorenzo era una sentencia de muerte, Alejandro ya sabía lo de Bianca. Antes de que pudiera reaccionar, el estruendo de neumáticos sobre la grava y el grito de órdenes militares anunciaron que el tiempo se había agotado.— ¡Quédate atrás, Dante! — siseó Elara, empujándolo. Dante había regresado para pasar la noche con ella — Si sales ahora, nos matarán a los dos. Confía en mí.La puerta del loft se abrió, y Alejandro Marchesi entró con una elegancia gélida, sacudiendo las gotas de lluvia de su abrigo. Detrás de él, dos hombres armados se posicionaron en el umbral, bloqueando cualquier salida.— ¿Dónde está ella, Elara? — preguntó Alejandro, su orden era como un látigo — Sé que la ambulancia no fue al sur, y sé que has estado jugando a dos bandas, y lo que es peor, sé que Dante está en este edificio.Elara se cruzó de brazos, ocultando el temblor de su cuerpo tras una postura desafiante.— No sé de qué hablas, Alejandro. Si q
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