El restaurante Terrazza Gallia ofrecía la vista más elitista de Milán, pero para Elara, el aire olía a emboscada. Vincenzo estaba sentado frente a ella, destrozando un filete con una violencia que delataba su ansiedad. El sabotaje a los muelles de Génova ya era noticia en los círculos financieros.— Mis cuentas están bloqueadas, Elara — dijo Vincenzo, dejando caer el cuchillo — Alguien filtró a la Procura que el cargamento de la naviera llevaba algo más que maquinaria agrícola.— Te lo advertí, tío — respondió ella, manteniendo su voz en un tono de seda — Los Montaño son como ratas, cuando se sienten acorralados, muerden. Dante ha estado moviendo sus influencias desde la sombra.En ese momento, la puerta del restaurante se abrió, y Dante Montaño entró con la arrogancia de un rey que aún conserva su corona. Se acercó a la mesa con paso firme, ignorando a los guardaespaldas que amagaron con detenerlo.— ¿Buscabas un culpable, Vincenzo? — soltó Dante, deteniéndose a un metro de ellos — A
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