Capítulo 53. Chantaje.
Victoria cerró los ojos. Podía verlo. Podía ver al Bruno, confiado, expansionista, delegando en el hombre que consideraba su hermano. Podía ver las pilas de documentos, la firma arrogante al final.—Si eso sale a la luz —continuó Rogelio, saboreando cada palabra—, la Torre Reforma no se cae físicamente, pero su reputación, su valor, su legitimidad… se hacen polvo. Y Bruno no va a ir a la cárcel por fraude, va por negligencia criminal. Por firmar a lo tonto, por no supervisar. Por ser un líder tan arrogante que no vio la podredumbre bajo sus pies. La cárcel, Victoria. Por años.Soltó una risa cruel, un sonido que resonó en el auricular como el graznido de un cuervo.—Tienes doce horas. Doce horas para decidir si salvas tu flamante empresa y a tu amado Bruno arrepentido, depositando dos millones en la cuenta que te voy a mandar… o si prefieres verlo pudrirse en una celda, pagando por los pecados que yo cometí. Tú decides, reina. A ver si el trono te queda grande.La llamada se cortó. Un
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