Me arrastró fuera de la cafetería, dejando atrás a Edmundo y todos los espectadores que se habían quedado sin palabras. Me costó seguirle el ritmo, ya que un paso suyo eran dos míos. Al llegar a su vehículo, no me abrió la puerta del copiloto. Al contrario, me dio la vuelta, causando que mi espalda chocara contra el vidrio frío. Se plantó frente a mí, su imponente altura alzándose como una estatua. Estaba preparada para una discusión, para dar los argumentos de mi vida, pero sus manos me tomaron desprevenidas. Recorrieron mis brazos con impaciencia, mis hombros, mi cuello. Mi cuerpo fue examinado con ímpetu, sus dedos implacables. —Connor, ¿qué haces…? —¡Silencio! —Su voz sonó más severa de lo que ya era. Su mano fue con desesperación a mi vientre, cubriendo la zona con su calidez. La dejó ahí durante unos segundos—. ¿Consumiste algo en ese lugar? ¿Él te dio alguna bebida, un dulce? —Que… yo… —Mi mente se perdió un poco, tratando de comprender lo que pasaba—. Solo bebí agua
Ler mais