Ni en diez, ni en cien, ni en un millón de años se me hubiera ocurrido hacer esta locura. Pero en estos momentos de mi vida, donde mi cabeza no le dejaba de dar vuelta al asunto, me enfrentada diariamente a un sexy tirano pelirrojo y había bajado unos cinco kilos en una semana de vómito intenso, me llevaron a pensar que esto era una buena idea y ya no había forma que me devolviera.
Revisé mi cartera por quinta vez, asegurándome que mi VISA estuviera conmigo y nuevamente, leí todos los datos. Todo en orden.
«¿Y si no es una VISA real? ¿Y si Connor solo me hizo creer qué si servía?»
—¡No, pensamientos intrusivos! No tengo tiempo para ustedes —Me reprendí a mí misma.
Y si ese resultaba ser el caso, a Connor le tocaría sacarme del Centro de migración por segunda vez. Eso o su hijo y yo tendremos un horroroso viaje a mi país.
—No, eso no pasará —Negué con la cabeza, decidida.
Subí los escalones y entré… ¡Voluntaria y estúpidamente al Centro de migración de la ciudad!
Al poner un pie d