Pensé que había sido buena idea volver al trabajo después de varios días en reposo y con mi cuerpo sintiéndose mejor, pero al parecer, cometí un gran error.
—¿Qué eres para el señor Ronchester? —preguntó Vértiz, sus brazos cruzados sobre el pecho y el ceño fruncido.
—¿Te acuestas con él? ¿Desde hace cuánto? ¿Qué te hace diferente? —Se quejó Darwson, en una postura muy parecida a la de su compañera.
Esto de acorralar a los empleados en los pasillos para intentar intimidarlos, ya pasó de moda.