—Camila, Miranda, Natalia, Sophia —Tachado, tachado y tachado. No eran malos nombres, pero a todos le faltaban algo. —¿Celia? —Le pregunté a la bebé, pero enseguida fruncí el ceño, negando con la cabeza—. No, Celia suena muy parecido a Cecilia y no quiero que te relacionen. Tenía que escoger un nombre. Para algunos era sencillo, solo tomaban cualquier nombre y se lo colocaban. Pero un nombre es la representación de una persona, lo acompañará toda su vida. Escuela, entrevistas de trabajo, amistades. Es más, yo no debería estar escogiendo este nombre sola. Me levanté de la cama, saliendo de la habitación con paso decidido. Recorrer la nueva mansión era un nuevo reto para mí. Bueno, más que un reto, solo tenía que acostumbrarme. Era muy distinta a la anterior, más moderna, tecnológica. La antigua era rústica, de madera y bordados gruesos. Era elegante y sobria. Esta tenía acabados de cerámica fina, paneles solares y diseño minimalista. Se sentía más profesional y actualizad
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