Mi mujer, en un Centro de Migración, sin razón alguna. Ella no tenía que estar ahí, legalmente, era mi esposa, la convertía en ciudadana. ¿Quién se había atrevido a meterse con el apellido Ronchester? —La próxima vez, si algún agente de Migración entra por esa puerta sin una orden, le disparan —Les dije a cada uno de mis guardias—. Traeré a la señora de esta casa. Si vuelven, ya saben que hacer. Todos afirmaron, tensos. Me preparé para irme, pero Scott me detuvo, sus pasos insistentes detrás de mí. —Quédese aquí —Le ordené, ayudándolo a sentarse en la entrada—. Descanse. Voy a traerla de vuelta. —Señor, tenga cuidado —dijo Scott, y en sus ojos vi la preocupación que yo sentía—. El hombre que dirigía la operación… no era como los demás. Era diferente. Frío. Como si nada de esto le importara. Asentí, apretando los dientes. Diferente o no, iba a enfrentarme a él. Y si le había hecho algún daño a Catrina, ningún lugar en este mundo sería lo suficientemente seguro para esconderse
Leer más