En la sede subterránea de la Orden Helix, el silencio no era sinónimo de paz, sino de una eficiencia fría y eléctrica. Ubicada a trescientos metros bajo el asfalto de la ciudad, la base era un laberinto de hormigón, fibra óptica y acero quirúrgico. Allí, el tiempo no se medía por la posición del sol, sino por el parpadeo de los servidores y el flujo incesante de los datos que alimentaban la "Purga Solar".Mara, la analista principal, estaba sentada frente a la consola de mando, su rostro iluminado por el resplandor azulado de una docena de monitores holográficos. Sus dedos se movían con una cadencia rítmica sobre el teclado de cristal, procesando las señales cifradas que llegaban desde el exterior.—Recibiendo paquete de datos del Operativo V-17 —anunció, y su voz resonó con una nota de triunfo contenido—. Adrian ha logrado una infiltración profunda. Ha estado en el centro neurálgico del ecosistema del objetivo.Daniel, el estratega de campo, se acercó por detrás de ella, cruzando
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