La biblioteca de la universidad era un laberinto de sombras y estanterías que exhalaban el olor a papel viejo y sabiduría estática. Adrian esperaba en el pasillo de Historia Antigua, el lugar que Aeryn consideraba su refugio. En su bolsillo, la piedra de Miri latía con una intensidad rítmica, pero esta vez, el calor no era una agresión. Era un manto.Sin que Adrian lo supiera, la piedra estaba emitiendo una frecuencia de resonancia que envolvía sus implantes neuronales. En la terminal de Mara, que vigilaba desde una furgoneta blindada a dos manzanas de distancia, las constantes de Adrian aparecían como una línea perfecta y plana: 60 latidos por minuto, niveles de dopamina en cero, empatía desactivada. Para la Orden, Adrian era un autómata cumpliendo una rutina. Para la realidad, Adrian estaba empezando a despertar.Adrian vestía ropa oscura, mimetizándose con la penumbra. Cada pulsación de la piedra enviaba un eco de "ruido" a su cerebro, una interferencia que le recordaba la visión
Leer más