La sede de la Orden Helix goteaba una luz blanca y estéril que quemaba los ojos después de pasar tanto tiempo bajo la penumbra esmeralda del bosque. Adrian caminaba por los pasillos de hormigón con una expresión gélida, ignorando el saludo de los guardias. Entró en la sala de mando, donde Mara y Daniel lo esperaban frente a los restos de los servidores que la magia de los Faes había frito la noche anterior.
—Tengo acceso total —dijo Adrian, sin preámbulos. Su voz resonó en la sala como un d