POV. AmeliaCerré la puerta con cuidado, como si el más mínimo ruido pudiera terminar de romper algo dentro de mí. El clic del cerrojo sonó demasiado fuerte, seco, definitivo, y me estremecí al escucharlo, como si acabara de sellar algo más que una simple entrada. Su presencia seguía ahí, pegada a las paredes, al aire, al espacio que había ocupado con tanta facilidad. El perfume caro que dejó atrás no se disipaba; permanecía suspendido, invasivo, recordándome que incluso cuando se iba, seguía imponiéndose.Me apoyé contra la madera unos segundos, cerré los ojos y respiré hondo, intentando ordenar pensamientos que se atropellaban unos a otros. El pulso me latía con fuerza en las sienes, desacompasado, ajeno a cualquier intento de calma. No quería pensar. Pensar significaba revivir cada palabra, cada intención oculta. No quería sentir. Sentir dolía demasiado. Así que me obligué a moverme.Caminé sin rumbo claro hasta que la cocina apareció frente a mí, familiar, cotidiana, casi reconfor
Leer más