Mi cuerpo reaccionó antes que mi mente. Retrocedí un paso, casi por reflejo, como si la cercanía me hubiera quemado.Él lo notó. Claro que lo notó.Alzó una ceja, divertido, y dio otra calada lenta al cigarrillo, sin prisa, como si el tiempo le perteneciera.—Tranquila —dijo al fin, con una voz baja, segura—. No tienes por qué irte.Exhaló el humo hacia un lado, lejos de mí, pero sin apartar la mirada.—El balcón es lo bastante grande para los dos, ¿no crees?No sonreía del todo. Era más bien una mueca ladeada, algo calculada, como si disfrutara medir cada una de mis reacciones. Yo me quedé quieta, con los dedos aún aferrados a la baranda, sintiendo el frío del metal atravesarme los dedos. —No sabía que estaba ocupado —respondí, forzando un tono neutro.—No lo está —contestó con naturalidad—. Siempre hay espacio para una buena compañía…Hizo una pausa mínima, deliberada.—Y tengo la sensación de que tú lo eres.Su mirada se demoró en mí un segundo de más, recorriendo la distancia jus
Leer más