POV. Amelia
Desperté con el cuerpo todavía tibio, como si la noche se negara a soltarme del todo. Las sábanas estaban revueltas, marcadas por el rastro reciente de dos cuerpos que no habían dormido demasiado. El lado de Adrian estaba vacío, pero su ausencia no era limpia. Su presencia seguía adherida a la cama, al aire, a mí. Su aroma, mezclado con el mío, me provocó una punzada suave en el pecho: ternura primero, luego esa melancolía difícil de ignorar.
Giré el rostro hacia su lado y estiré la