Que comience el infierno (2da. Parte)
Dos días despuésKazanlakAriannaLas imágenes aparecen en mi mente confusas, cambiantes, opacas, como recuerdos que caen uno tras otro, fichas de dominó empujándose sin piedad desde mi infancia hasta mi vida adulta. Una en particular me envuelve: yo observando a mi madre bailar, irradiando esa energía que llenaba el escenario, extendiéndome la mano para que la acompañe.Quiero alcanzarla, pero una voz surge de fondo, lejana, insistente. No logro distinguirla del todo. Solo sé que me arrastra de regreso, que me suplica que no me rinda.Entonces vuelve el olor a humo. El calor abrasador de las llamas. Los gritos, el pánico. Y lo recuerdo con claridad: estoy en la bodega, golpeando frenéticamente la puerta, el aire escapándose de mis pulmones, los disparos resonando afuera. Y otra vez esa voz, ahora más nítida, más fuerte.—Mi fiera… despierta, vuelve a mí —suena rota, cargada de dolor—. Despierta, Arianna —añade, suplicante.Aprieto los labios. Me esfuerzo por abrir los ojos, pero algo
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