El chofer se detuvo frente al aeropuerto privado donde ya los esperaba el jet de los Hartley, listo para llevarlos de regreso a París. A casa. Solo pensarlo le aflojó algo por dentro a Emma. Sienna, Margaret, Emmanuel y Emma habían sido las últimas en llegar. En gran parte, porque Sienna había querido tomar el camino más largo para darle un último vistazo a Nueva York, como si la ciudad pudiera ofenderse si se despedían de ella demasiado rápido. Había pasado casi todo el trayecto pegada a la ventanilla, suspirando como una heroína en pleno final de temporada, repitiendo que no sabía cuándo volvería a pisar esas calles porque, una vez en París, todos quedarían absorbidos por el proyecto de colaboración y por el caos que, seguramente, vendría con él. Margaret, que iba de copiloto, fue la primera en bajar de la camio
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