No significaba nada.
Después de decir aquello, Emma dejó la última prenda dentro de la maleta y, por fin, le dedicó una mirada completa a Sienna.
Si no la conociera tan bien, habría pensado que estaba mintiendo, que estaba coludida con su hermano y que toda aquella culpa en sus ojos era solo una actuación demasiado conveniente, pero Emma la conocía.
La conocía lo suficiente como para notar cuándo Sienna estaba fingiendo y cuándo algo la golpeaba de verdad. Y en