Perdóname.
Emma no podía apartar la mirada del rostro de Damián.
Esperó, de verdad esperó, que en algún momento se le curvara la boca en esa media sonrisa arrogante que usaba cuando decía algo solo para provocar. Esperó que le dijera que estaba bromeando, que todo aquello era una exageración, una jugada de presión, una manera de empujarla a ceder en algo.
Pero ese momento no llegó.
Y mientras más segundos pasaban, más incó