LíaEl silencio después del estallido fue peor que el ruido. No había luz, no había sombra. Solo el eco de esa palabra clavada en mi cabeza como una daga:Encontrada.No recuerdo exactamente quién me sostuvo primero. Si fue Kael, si fue Dalan, si fue la marca. Solo recuerdo manos fuertes en mis hombros, voces lejanas y el piso alejándose.—Lía, mírame —la voz de Kael sonaba como si viniera a través del agua.Parpadeé. El patio, las murallas, los rostros alrededor… todo se veía borroso. Sentía el cuerpo entumecido, pero la muñeca ardía, viva, como si allí hubiera otro corazón.—Está en shock —dijo alguien.—Denles espacio —gruñó Kael.La multitud se fue disolviendo. Cuando por fin pude enfocar, solo quedábamos tres: Kael, Dalan… y yo, con la caja entre las manos.—Puedo llevarla yo —dijo Dalan, acercándose un paso.La marca latió con brusquedad, Kael también se tensó.—No —respondió él, sin dudar— Es mi Luna. Yo la llevo.No tuve fuerzas para discutir. No tuve fuerzas para nada.Kael m
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