La puerta se cerró de golpe. El sonido retumbó en la habitación como un disparo contenido.Lía no se giró de inmediato. Su pecho subía y bajaba con fuerza, la marca ardiendo bajo su piel, latiendo al mismo ritmo desbocado de su corazón. Podía sentirlo ahí atrás… su presencia llenándolo todo, volviendo el aire denso, irrespirable.Le ardía la sangre al pensar en todo lo que pasó durante la ausencia de su marido, en cuánto lo había pensado, en cuánto lo había necesitado… para encontrarlo junto a ella, verla tocarlo sin miedo a arder como le pasaba a ella, sin miedo a causar un desastre. La envidia brotó de su pecho. Detrás de ella, Kael entró a la habitación. Él tampoco habló enseguida. La miraba, la recorría, como si necesitara asegurarse de que estaba ahí… y no salir corriendo tras ella. Pero lo que realmente lo consumía… no era su huida.Era Dalan.—¿Seguirás huyendo? —la voz de Kael salió grave, tensa, cargada de algo más que enojo.Lía soltó una risa corta, amarga, y por fin
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