Zacarías dudó antes de subir al podio. Sus pies parecían anclados al suelo, como si una fuerza invisible lo retuviera lejos de ese escenario donde su vida estaba a punto de sellarse frente a todos. Gala, impaciente, tomó su mano con firmeza, apretándola lo suficiente como para dejar claro que no le daba opción. Casi lo arrastró hacia adelante, obligándolo a sonreír para las cámaras, a fingir seguridad cuando por dentro todo era ruido y confusión.Él no dijo nada. No felicitó a nadie, no levantó la mano, no buscó aplausos. Solo miró alrededor, recorriendo el salón con la mirada, como si buscara algo… o a alguien. Sus ojos, traicioneros, se desviaron sin querer hacia la multitud, intentando encontrar ese vestido rojo que lo había descolocado desde el primer segundo.Camely, mientras tanto, deambulaba por el lugar como un alma errante. Sentía la mirada de Edmund clavada en su espalda, pesada, insistente. Cada vez que él se acercaba, ella se alejaba con rapidez, cambiando de dirección, mez
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