Zacarías dudó antes de subir al podio. Sus pies parecían anclados al suelo, como si una fuerza invisible lo retuviera lejos de ese escenario donde su vida estaba a punto de sellarse frente a todos. Gala, impaciente, tomó su mano con firmeza, apretándola lo suficiente como para dejar claro que no le daba opción. Casi lo arrastró hacia adelante, obligándolo a sonreír para las cámaras, a fingir seguridad cuando por dentro todo era ruido y confusión.
Él no dijo nada. No felicitó a nadie, no levantó