Lejos de ahí, Zacarías Andrade estaba al borde de la desesperación. La madrugada había caído como un manto pesado sobre la ciudad, y él recorría su mansión de un extremo a otro, con pasos inquietos, sin rumbo fijo, gritando el nombre de Camely al vacío. Su corazón latía con fuerza, como si quisiera arrancarse del pecho, y cada segundo que pasaba sin noticias de ella le resultaba insoportable.—¡¿Cómo es que no la encontraron?! —vociferó, maldiciendo entre dientes, golpeando la pared con el puño.Su respiración era agitada, irregular, y la sensación de impotencia lo consumía.Había enviado a todos sus guardias a rastrearla, había movido cielo y tierra, y aun así, parecía que ella se había desvanecido de la faz de la tierra.Se detuvo un instante, tocándose la cabeza con ambas manos, como si pudiera apretar sus pensamientos y obligarlos a encontrar una solución.Su mente giraba en círculos, recordando cada palabra, cada gesto de Camely, cada mirada que le había lanzado antes de que todo
Leer más